lunes, 13 de febrero de 2017

Los Anillos de Poder

Los Anillos de Poder

 

¿Qué son estos anillos? ¿Cuántos son? ¿Qué poderes y características tienen? ¿Qué diferencias hay entre ellos? A continuación trataremos de dar respuesta a todas estas preguntas y alguna otra.

«En tiempos remotos fueron fabricados en Eregion muchos anillos de Elfos, anillos mágicos como vosotros los llamáis; eran, por supuesto, de varias clases, algunos más poderosos y otros menos. Los menos poderosos fueron solo ensayos, anteriores al perfeccionamiento de este arte: bagatelas para los herreros de los Elfos, aunque a mi entender peligrosos para los mortales. Pero los realmente peligrosos eran los Grandes Anillos, los Anillos de Poder».
La Comunidad del Anillo, La sombra del pasado, p.64

Tras el fin de la Primera Edad y la derrota de Morgoth, Sauron prometió en un principio obediencia y se arrepintió de todo el mal que había realizado. Pero después recayó en el mal… «Miraba con odio a los Eldar y temía a los hombres de Númenor que volvían a veces en sus barcos a las costas de la Tierra Media» (El Silmarillion, p.389).

«De todos los pueblos de la Tierra, el más fácil de gobernar le pareció el de los Hombres; pero durante mucho tiempo trató de persuadir a los Elfos para que lo sirviesen, pues sabía que los Primeros Nacidos eran los que tenían mayor poder; y fue de un lado a otro entre ellos, y tenía el aspecto de alguien que es a la vez hermoso y sabio […] Sauron se dio a sí mismo el nombre de Annatar, el Señor de los Dones […]
Era en Eregion donde los consejos de Sauron se recibían con mayor complacencia, porque en esa tierra los Noldor deseaban acrecentar cada vez más la ingeniosidad y la sutileza de sus obras. Además no tenían paz en el corazón desde que se negaran a volver al Occidente, y a la vez querían permanecer en la Tierra Media, a la que amaban en verdad, y gozar de la beatitud de los que habían partido. Por tanto escucharon a Sauron, y aprendieron de él muchas cosas, pues tenía grandes conocimientos. En aquellos días los herreros de Ost-in-Edhil superaron todo cuanto habían hecho antes; y al cabo de un tiempo hicieron los Anillos de Poder».
El Silmarillion, De los Anillos de Poder y la Tercera Edad, pp.389-390

Pero ¿cuántos eran estos Anillos? Según una estrofa muy conocida en la tradición élfica:

«Tres Anillos para los Reyes Elfos bajo el cielo.
Siete para los Señores Enanos en casas de piedra.
Nueve para los Hombres Mortales condenados [destinados] a morir.
Uno para el Señor Oscuro, sobre el trono oscuro
en la Tierra de Mordor donde se extienden las Sombras».
La Comunidad del Anillo, La sombra del pasado, p.69

Los Anillos de Poder eran los Tres de los Elfos, los Siete de los Enanos, los Nueve de los Hombres y el Anillo Único. No todos se hicieron a la vez, al mismo tiempo, y de la misma forma. Los Siete y los Nueve los forjaron los Elfos gracias a las enseñanzas de Sauron. También los Tres, pero estos eran los últimos que se hicieron, y también los más poderosos. «Los Tres no fueron hechos por Sauron, ni siquiera llegó a tocarlos alguna vez» (La Comunidad del Anillo, p.317). El Anillo Único fue forjado por Sauron, en secreto, en el Monte del Destino.

«Ahora bien, los Elfos hicieron muchos anillos, pero Sauron hizo en secreto un Anillo Único, para gobernar a todos los otros, cuyos poderes estarían atados a él, sujetos por completo a él, y durarían mientras él durase».
El Silmarillion, De los Anillos de Poder y la Tercera Edad, p.390

Pero en el momento en que Sauron se puso el Anillo Único los Elfos se percataron de sus intenciones.

«No bien Sauron se puso el Anillo Único en el dedo, [los Elfos] se dieron cuenta; y supieron quién era, y que quería adueñarse de todos ellos y de todo cuanto hiciesen. Entonces, con enfado y temor, se quitaron los anillos. Pero él, al ver que lo habían descubierto, y que los Elfos no habían sido engañados, sintió gran cólera, y los enfrentó exigiéndoles que le entregaran todos los anillos, pues los herreros Elfos no podrían haberlos forjado sin la ciencia y el consejo con que él los había asistido. Pero los Elfos huyeron de él; así salvaron tres de los anillos, y se los llevaron, y los ocultaron».
El Silmarillion, De los Anillos de Poder y la Tercera Edad, p.391

Sauron atacó Eregion y se hizo con los Siete (de los Enanos) y los Nueve (de los Hombres), mientras que los Tres anillos que Celebrimbor había forjado no pudo encontrarlos.

«…los atacantes irrumpieron en Eregion destruyendo y devastando, y se apoderaron del principal objetivo del ataque de Sauron: la Casa de los Mírdain, donde se encontraban las herrerías y sus tesoros. Celebrimbor, desesperado, resistió a Sauron en la escalinata frente a las grandes puertas de los Mírdain; pero lo atraparon y lo llevaron cautivo, y la casa fue saqueada. Allí Sauron se apoderó de los Nueve Anillos y algunos otros trabajos de los Mírdain; pero los Siete y los Tres, no pudo encontrarlos. Entonces Celebrimbor fue sometido a tormento, y Sauron averiguó por él dónde se encontraban los Siete. Esto lo reveló Celebrimbor porque para él ni los Siete ni los Nueve valían tanto como los Tres; los Siete y los Nueve habían sido hechos con la ayuda de Sauron, mientras que los Tres los había hecho él solo, con un poder y un propósito diferentes».
Cuentos Inconclusos, De Galadriel y Celeborn, p.265

Aquí merece la pena señalar, tal como hace Christopher en una nota, que en los Apéndices de El Señor de los Anillos se dice que los Enanos del Pueblo de Durin pensaban que quienes habían dado el Anillo a Durin III, Rey de Khazad-dûm, habían sido los Elfos, y no Sauron (El Retorno del Rey, p.412). Pero parece más probable que fuera Sauron quien entregara los Anillos a los Enanos, pues este relato se repite en De los Anillos de Poder:

«Pero Sauron recogió todos los Anillos de Poder que quedaban, y los repartió entre los otros pueblos de la Tierra Media, con la esperanza de tener así sometidos a todos los que desearan contar con un poder secreto, fuera de los alcances de su propia especie. Siete anillos dio a los Enanos; pero a los Hombres les dio nueve; porque los Hombres en esto, como en otros asuntos, demostraron ser los más dispuestos a someterse».
El Silmarillion, De los Anillos de Poder y la Tercera Edad, p.392

Llegados a este punto podríamos preguntarnos... ¿había alguna diferencia entre los Siete anillos de los Enanos y los Nueve de los Hombres?. Excepto el Anillo Único todos tenían una gema que los distinguía, pero no es ese el sentido de la pregunta.

«Recordé unas palabras que había oído en el Concilio, palabras de Saruman a las que no había prestado mucha atención en aquel entonces. Las oía ahora claramente en mi corazón.
«Los Nueve, los Siete, y los Tres -nos dijo-, tienen todos una gema propia. No el Único. Es redondo y sin adornos, como si fuese de menor importancia, pero el hacedor del anillo le grabó unas marcas que quizá las gentes versadas aún podrían ver y leer»».
La Comunidad del Anillo, El Concilio de Elrond, p.298

La cuestión es si los Siete y los Nueve no tienen mayor diferencia entre sí que esa gema propia de cada uno. ¿Se llamaron de esta forma, los Siete y los Nueve, porque así los repartió Sauron, siete a los Enanos y nueve a los Hombres, o eran diferentes? Cuestión de interpretación.

En De los Anillos de Poder parece que se da a entender que había 16 anillos, sin mayor distinción, y Sauron reparte siete a los Enanos y nueve a los Hombres: «Sauron recogió todos los Anillos de Poder que quedaban, y los repartió entre los otros pueblos de la Tierra Media [...] Siete anillos dio a los Enanos; pero a los Hombres les dio nueve» (El Silmarillion, p.392). Y cuando Tolkien habla de ellos en la carta 131 también parece que lo hace de la misma forma:

«Eregion fue tomada y destruida, y Sauron se apoderó de muchos Anillos de Poder. Para su definitiva corrupción y sometimiento, se los dio a los que los aceptaban (por ambición o codicia). De ahí el antiguo poema que aparece como leitmotiv en El Señor de los Anillos:

Tres Anillos para los Reyes Elfos bajo el cielo.
Siete para los Señores Enanos en casas de piedra.
Nueve para los Hombres Mortales…».
Cartas, nº131, p.181

Sin embargo, por lo que se dice en el texto De Galadriel y Celeborn podríamos pensar que eran diferentes, pues los menciona de forma independiente: «Sauron se apoderó de los Nueve Anillos […] pero los Siete y los Tres, no pudo encontrarlos. Entonces Celebrimbor fue sometido a tormento, y Sauron averiguó por él dónde se encontraban los Siete.» (Cuentos Inconclusos, p.265).

En cualquier caso, parece claro por los textos mostrados que no se hicieron nueve anillos para los Hombres y siete para los Enanos. Los Elfos forjaron los Anillos de Poder para ellos mismos, así se puede entender de un fragmento anteriormente mencionado: «No bien Sauron se puso el Anillo Único en el dedo, [los Elfos] se dieron cuenta; y supieron quién era, y que quería adueñarse de todos ellos y de todo cuanto hiciesen. Entonces, con enfado y temor, se quitaron los anillos» (El Silmarillion, p.391). Recibieron el nombre de los Nueve (de los Hombres) y de los Siete (de los Enanos) porque Sauron así los entregó.

¿Cuál era el poder de estos Anillos? A esta pregunta responde Tolkien en la mencionada carta 131:

 «El principal poder (de todos los anillos por igual) era el de evitar o disminuir la velocidad del deterioro (es decir, el «cambio» visto como algo lamentable), la preservación de lo que se desea o se ama, o la de su apariencia: este es más o menos el motivo élfico. Pero destacaban también los poderes naturales del poseedor, acercándose así a la «magia», un motivo que fácilmente puede corromperse y volverse malvado, como un deseo de dominio. Y finalmente tenían otros poderes más directamente derivados de Sauron […], tales como volver invisible el cuerpo material o volver visibles las cosas del mundo invisible.
Los Elfos de Eregion hicieron Tres anillos de supremo poder y belleza partiendo casi exclusivamente de su propia imaginación, dirigidos a la preservación de la belleza: no conferían la invisibilidad».
Cartas, nº131, p.181

Veamos ahora los Anillos por separado…


Tres Anillos para los Elfos

«Ahora bien, eran esos Tres los últimos que se habían hecho, y los que tenían más grande poder. Narya, Nenya y Vilya se llamaban, los Anillos del Fuego, y del Agua, y del Aire, que tenían engarzados un rubí y un diamante y un zafiro; y eran de todos los anillos élficos los que Sauron más deseaba, pues quienes los poseyeran podrían evitar el deterioro y demorar la fatiga del mundo».
El Silmarillion, De los Anillos de Poder y la Tercera Edad, p.391

«De ahí la fabricación de los Anillos, porque los Tres Anillos estaban precisamente dotados con el poder de la preservación, no con el de dar nacimiento».
Cartas, nº144, p.209

Como vemos, el principal poder de estos tres Anillos era la preservación de todo aquello que les era querido a sus portadores. Y ¿quiénes eran los poseedores de estos Anillos al término de la Tercera Edad? Galadriel llevaba en su mano a Nenya, el Anillo del Agua (también llamado Anillo de Diamante o Blanco), hecho de mithril.  Elrond tenía a Vilya, el Anillo del Aire (llamado Anillo de Zafiro o Azul), que era de oro. Y Gandalf a Narya, el Anillo del Fuego (llamado Anillo de Rubí o Rojo).

«En verdad, en el país de Lórien, y en el dedo de Galadriel está uno de los Tres. Este es Nenya, el Anillo de Diamante, y yo [Galadriel] soy quien lo guarda».
La Comunidad del Anillo, El Espejo de Galadriel, p.428

«Elrond vestía un manto gris y lucía una estrella en la frente, y en la mano llevaba un arpa de plata, y en el dedo un anillo de oro con una gran pieza [piedra] azul: Vilya, el más poderoso de los Tres. […] [Galadriel] tenía en el dedo el anillo forjado de mithril, con una sola piedra que centelleaba como una estrella de escarcha».
El Retorno del Rey, Los Puertos Grises, p.354

«Y cuando se acercó a ellos, Frodo advirtió que Gandalf llevaba en la mano, ahora abiertamente, el Tercer Anillo, Narya el Grande, y la piedra engarzada en él era roja como el fuego».
El Retorno del Rey, Los Puertos Grises, p.356

Los Tres Anillos «fueron dados a los Sabios» tal como se cuenta en De los Anillos de Poder. Pero Elrond no lo tuvo en un principio, y Gandalf tampoco. Según los apéndices de El Señor de los Anillos los primeros poseedores fueron Gil-galad, Galadriel y Círdan.

«Durante toda la Tercera Edad, la custodia de los Tres Anillos fue solo conocida por aquellos que los poseían. Pero al final se supo que habían estado en poder de los tres más grandes Eldar: Gil-galad, Galadriel y Círdan. Gil-galad, antes de morir, entregó el suyo a Elrond; luego Círdan le dio el suyo a Mithrandir. Porque Círdan veía más lejos y con mayor profundidad que nadie en la Tierra Media, y dio la bienvenida a Mithrandir en los Puertos Grises, pues sabía de dónde venía y adónde retornaría.
—Toma este anillo, maestro —le dijo—, porque tus trabajos serán pesados; pero te dará consuelo en la fatiga que te has impuesto. Pues este es el Anillo del Fuego, y con él podrás reanimar los corazones en un mundo que se enfría. En cuanto a mí, mi corazón está con el Mar, y habitaré junto a las costas grises hasta que parta el último barco. Te esperaré».
El Retorno del Rey, apéndice B, p.421

No obstante, en De Galadriel y Celeborn, un texto que Tolkien escribió después de la publicación de El Señor de los Anillos, se da una versión ligeramente diferente de la entrega de los Anillos. Es Gil-galad quien recibe dos anillos, Vilya y Narya, mientras Galadriel obtiene a Nenya.

«Galadriel le aconsejó [a Celebrimbor] que ocultara los Tres Anillos de los Elfos en lugares distantes, lejos de Eregion, donde Sauron podía buscarlos. Fue entonces cuando Celebrimbor le dio a Nenya, el Anillo Blanco, y por el poder de este anillo el país de Lórinand se fortaleció y embelleció […] Celebrimbor, siguiendo el consejo de Galadriel, envió el Anillo del Aire y el Anillo del Fuego lejos de Eregion; y los confió a Gil-galad en Lindon. (Se dice aquí que por ese entonces Gil-galad dio Narya, el Anillo Rojo, a Círdan, Señor de los Puertos, pero más adelante una nota marginal indica que lo guardó consigo hasta que partió a la Guerra de la Última Alianza)».
Cuentos Inconclusos, De Galadriel y Celeborn, p.265

Aunque estos Tres Anillos «habían sido forjados por Celebrimbor tan solo, y la mano de Sauron no los había tocado […] también estaban sometidos al Único» (El Silmarillion, p.391). Así expresaba Elrond sus dudas sobre qué les pasaría a esos Anillos si el Único era destruido:

«Algunos esperan que los Tres Anillos, que Sauron nunca tocó, se liberen entonces, y quienes gobiernen los Anillos podrían curar así las heridas que el Único ha causado en el mundo. Pero es posible también que cuando el Único desaparezca, los Tres se malogren, y que junto con ellos se marchiten y olviden muchas cosas hermosas. Eso es lo que creo».
La Comunidad del Anillo, El Concilio de Elrond, p.318 

Y, en efecto, así sucedió. Con la destrucción del Anillo Único todos los Anillos perdieron su poder, incluidos los Tres. Pero ¿por qué razón, si Sauron no intervino en su forja? La respuesta la da Tolkien en una de sus cartas.

«Aunque inmaculados, pues no estaban hechos por Sauron ni habían sido tocados por él, eran, no obstante, parcialmente producto de la instrucción que él impartió, y, en última instancia, estaban bajo el control del Único. Así, como ya lo verá, cuando el Único desaparece, los últimos defensores de la ciencia y la belleza de los Altos Elfos quedan privados del poder de retener el tiempo, y parten».
Cartas, nº 144, p.209

 

Siete Anillos para los Enanos

Se ha dicho anteriormente que existen dos versiones de la historia en cuanto a cómo los Enanos reciben los Anillos. En El Señor de los Anillos los Enanos decían que los Elfos habían entregado un Anillo (el primero de los Siete) al rey de Khazad-dûm, lo que hace suponer que también habían entregado los restantes. Sin embargo, no sucede de esta forma en De los Anillos de Poder, una obra de la misma época, o en De Galadriel y Celeborn, un texto posterior. En ellos fue Sauron quien reparte estos Anillos.

Se dieron siete anillos para los señores Enanos, pero solo conocemos el nombre de un portador, el que era rey de Khazad-dûm en aquel momento. El Anillo de Durin III se transmitió durante generaciones hasta que llegó a Thrór y a su hijo Thráin II. Sabemos que estos anillos tenían todos una gema propia (La Comunidad del Anillo, p.298) y, parece ser, eran de oro.

«Se dice que el principio de cada uno de los Siete Tesoros de los reyes Enanos de antaño fue un anillo de oro».
El Silmarillion, De los Anillos del Poder y la Tercera Edad, p.392

En cuanto a su destino, algunos Anillos fueron recuperados por Sauron y otros fueron destruidos.

«pero todos esos tesoros hace ya mucho que fueron saqueados, y los dragones los devoraron, y de los Siete Anillos algunos fueron consumidos por el fuego y otros recuperados por Sauron».
El Silmarillion, De los Anillos del Poder y la Tercera Edad, p.392

«Los reyes Enanos poseían siete [anillos], de los cuales pudo recuperar [Sauron] tres; los otros los devoraron los dragones».
La Comunidad del Anillo, La sombra del pasado, p.70

«Los Nazgûl guardan los Nueve. Los Siete han sido tomados o destruidos».
La Comunidad del Anillo, El Concilio de Elrond, p.296

El Anillo de Thrór acabó en manos de Sauron, uno de esos tres que recuperó. Así lo contaba Gandalf en el Concilio:

«Los Siete están perdidos para nosotros [dijo Glóin el Enano], si Balin no ha encontrado el Anillo de Thrór, que era el último. Nada se ha sabido de él desde que Thrór pereció en Moria. En verdad puedo revelar ahora que uno de los motivos del viaje de Balin era la esperanza de encontrar ese anillo.
—Balin no encontrará ningún anillo en Moria —dijo Gandalf—. Thrór se lo dio a su hijo Thráin, pero Thráin no se lo dio a Thorin. Se lo quitaron a Thráin torturándolo en los calabozos de Dol Guldur. Llegué demasiado tarde».
La Comunidad del Anillo, El Concilio de Elrond, p.317

Todos los Anillos tenían el principal poder de «evitar o disminuir la velocidad del deterioro» y tenían otros poderes que se manifestaban de forma distinta según el poseedor. A los Hombres y a los Enanos no les afectaba de la misma forma. A los Enanos les despertó la avaricia por el oro, pero no hizo que fueran dominados por Sauron, ni les alargó la vida, ni se convirtieron en espectros.

«Los Enanos demostraron ser firmes y nada dóciles; no soportan de buen grado el dominio de los demás, y es difícil saber lo que en verdad piensan, y tampoco es fácil inclinarlos a las sombras. Solo llevaban los anillos para la adquisición de riquezas; pero la ira y una abrumadora codicia de oro les encendió los corazones, mal del que luego Sauron obtuvo un gran beneficio».
El Silmarillion, De los Anillos del Poder y la Tercera Edad, p.392

«El único poder que los Anillos tuvieron sobre ellos fue el de poner en sus corazones la codicia del oro y otras cosas preciosas, de modo que si les faltaban, todo otro bien les parecía desdeñable, y se llenaban de cólera y de deseos de venganza contra quienes los privaban de ellas. Pero desde un principio fueron hechos de una especie que resistía con firmeza cualquier clase de dominio. Aunque podían ser muertos o quebrantados, no era posible reducirlos a sombras esclavizadas a otra voluntad; y por la misma razón, ningún Anillo afectó a sus vidas, ni hizo que fueran más largas o más cortas».
El Retorno del Rey, apéndice A, p.413

 

Nueve Anillos para los Hombres Mortales

«Siete anillos dio a los Enanos; pero a los Hombres les dio nueve; porque los Hombres en esto, como en otros asuntos, demostraron ser los más dispuestos a someterse […]
[…] Los que llevaron los Nueve Anillos alcanzaron gran poder en su época: reyes, hechiceros y guerreros de antaño. Ganaron riqueza y gloria, aunque solo daño resultó. Parecía que para ellos la vida no tenía término, pero se les hacía insoportable […] Eran ellos los Nazgûl, los Espectros del Anillo, los más terribles servidores del Enemigo; la oscuridad andaba con ellos, y clamaban con las voces de la muerte».
El Silmarillion, De los Anillos del Poder y la Tercera Edad, pp.392-393

«Les dio nueve [anillos] a los Hombres Mortales, orgullosos y espléndidos: así los engañó. Hace tiempo fueron dominados por el Único y se volvieron Espectros del Anillo, sombras bajo la gran Sombra, los sirvientes más terribles».
La Comunidad del Anillo, La sombra del pasado, p.70

Los Nazgûl, los Espectros del Anillo, fueron antiguamente Hombres a los que Sauron entregó los Nueve Anillos. Tres de ellos eran señores númenóreanos y posiblemente otro venía del Este.

«Sin embargo, Sauron fue siempre engañoso, y se dice que entre los que sedujo con los Nueve Anillos, tres eran grandes señores de raza Númenóreana».
El Silmarillion, Akallabêth, p.363

«Ahora bien, por aquel entonces el Capitán de los Espectros de los Anillos vivía en Minas Morgul con seis compañeros, mientras que el Segundo Jefe, Khamûl la Sombra del Este, vivía en Dol Guldur como teniente de Sauron, junto con otro Espectro que le servía de mensajero».
Cuentos Inconclusos, La búsqueda del Anillo, p.368

Khamûl es el único nombre de los Nazgûl que tenemos constancia. Este nombre junto con el apodo «la Sombra del Este» aparece en unos textos que Tolkien escribió en la segunda mitad de 1954 sobre la búsqueda del Anillo de los Jinetes Negros. En una versión abandonada de La Cuenta de los Años, el Segundo Jefe se llamaba «el Negro Hombre del Este» (Cuentos Inconclusos, p.383 nota 1), lo que puede hacer pensar que, en efecto, era un Oriental. Así lo piensan Wayne G. Hammond y Christina Scull (Guía de lectura de El Señor de los Anillos, p.193), aunque otra posibilidad es que este sobrenombre simplemente se refiera al lugar de su morada (Dol Guldur), que estaba en el Este.

Estos Nueve Anillos tendrían una gema y, si pensamos que no se distinguían de los Anillos de los Enanos, debían ser de oro. En cuanto a sus poderes y cómo les afectaban a los Hombres, a estos les otorgaba invisibilidad a la vez que les libraba de la muerte, aquello que muchos deseaban, aunque a un alto precio.

«Podían andar, si así lo querían, sin que nadie de este mundo bajo el sol llegara a descubrirlos, y podían ver cosas en mundos invisibles para los Hombres mortales; pero con no poca frecuencia veían solo los fantasmas y las ilusiones que Sauron les imponía. Y tarde o temprano, de acuerdo con la fortaleza original de cada uno y con la buena o mala voluntad que habían tenido desde un principio, iban cayendo bajo el dominio del anillo que llevaban, y bajo la servidumbre del Único, que era propiedad de Sauron. Y se volvieron para siempre invisibles, salvo para el que llevaba el Anillo Regente, y entraron en el reino de las sombras».
El Silmarillion, De los Anillos del Poder y la Tercera Edad, pp.392-393

«Un mortal que conserve uno de los Grandes Anillos no muere, pero no crece ni adquiere más vida. Simplemente continúa hasta que al fin cada minuto es un agobio. Y si lo emplea a menudo para volverse invisible, se desvanecerá, se transformará al fin en un ser perpetuamente invisible que se paseará en el crepúsculo bajo la mirada del Poder Oscuro, que rige los Anillos».
La Comunidad del Anillo, La sombra del pasado, p.65

¿Tenían los Nazgûl en su poder los Anillos al final de la Tercera Edad, durante la Guerra del Anillo? En un principio podríamos pensar que sí ¿cómo si no podrían seguir sirviendo a Sauron? Pero lo cierto es que una vez ya habían sido «degradados», habían entrado en el «reino de las sombras», el control de Sauron era total y absoluto. Hay alguna frase que indica que los Anillos estaban en posesión de los mismos Espectros del Anillo, aunque bastantes más dicen que Sauron es quien los tenía.

«Los Nazgûl guardan los Nueve».
La Comunidad del Anillo, El Concilio de Elrond, p.296

«En resumen: ha conseguido [Sauron] reunir los Nueve».
La Comunidad del Anillo, La sombra del pasado, p.70

«Por último resolvió que nadie le serviría en este caso, salvo sus más poderosos servidores, los Espectros de los Anillos, que no tenían otra voluntad que la suya, pues todos ellos estaban por entero sometidos al anillo que los había esclavizado, y que se encontraba en manos de Sauron».
Cuentos Inconclusos, La búsqueda del Anillo, p.368

«Por tanto, por fin, [Sauron] resolvió recurrir a los Espectros de los Anillos […] Eran, con mucho, los más poderosos de sus sirvientes, y los más adecuados para semejante misión, pues estaban esclavizados a los Nueve Anillos, que ahora él mismo guardaba en su poder».
Cuentos Inconclusos, La búsqueda del Anillo, p.373

En una carta de 1963, respondiendo a las preguntas de una lectora sobre la incapacidad de Frodo para arrojar el Anillo a las Grietas del Destino, Tolkien especula acerca de cómo hubieran actuado los Nazgûl frente a Frodo de haber llegado antes. En esta carta Tolkien es bastante explícito sobre quién tenía los Nueve.

«No creo que hubieran podido atacarlo con violencia [los Nazgûl a Frodo], apoderarse de él o tomarlo cautivo; habrían obedecido o fingido obedecer cualesquiera órdenes menores suyas que no hubieran entorpecido su cometido, impuesto sobre ellos por Sauron, que todavía mediante los nueve anillos (que tenía en su poder) poseía fundamental control de sus voluntades».
Cartas, nº 246, p.385

En cualquier caso, contradicciones (o aparentes contradicciones) existen en los escritos de Tolkien. Sin ir más lejos, en el capítulo «El espejo de Galadriel» Galadriel le dice a Frodo lo siguiente:

«Viste el Ojo de aquel que tiene los Siete y los Nueve».
La Comunidad del Anillo, El espejo de Galadriel, p.429

Galadriel afirma que Sauron posee los Nueve, pero también los Siete, y eso no es cierto. Anteriormente se ha enseñado que en varios pasajes se dice que Sauron logra recuperar tres de los siete Anillos de los Enanos, el resto fueron devorados por los dragones. Pero tal vez Tolkien no diría que esto era una incoherencia en la obra, diría que Galadriel no tiene por qué saberlo todo; como en aquella carta a Peter Hastings, donde Tolkien escribía que Bárbol era un personaje de su historia, no él, «y hay muchas cosas que no sabe o no comprende» (Cartas, nº 153, p.224).

 

Un Anillo para gobernarlos a todos

«Ahora bien, los Elfos hicieron muchos anillos, pero Sauron hizo en secreto un Anillo Único, para gobernar a todos los otros, cuyos poderes estarían atados a él, sujetos por completo a él, y durarían mientras él durase. Y gran parte de la fuerza y la voluntad de Sauron pasó a ese Anillo Único; porque el poder de los anillos élficos era muy grande, y el del que habría de gobernarlos tendría por fuerza que ser aún más poderoso; y Sauron lo forjó en la Montaña de Fuego en la Tierra de la Sombra».
El Silmarillion, De los Anillos de Poder y la Tercera Edad, pp.390-391 

El Anillo Único era liso, no tenía gema y era de oro. Si se exponía al fuego podía leerse una inscripción.

«En este mismo anillo que habéis visto ante vosotros, redondo y sin adornos, las letras a las que se refiere Isildur pueden todavía leerse, si uno se atreve a poner un rato al fuego esta cosa de oro. Así lo hice, y esto he leído:

Ash nazg durbatulûk, ash nazg gimbatul,
ash nazg thrakatulûk agh burzum-ishi krimpatul.
[…]
Un anillo para gobernarlos a todos, un Anillo para encontrarlos,
un Anillo para atraerlos a todos y atarlos en las Tinieblas».
La Comunidad del Anillo, El Concilio de Elrond, pp.300-301

Además de tener los poderes comunes al resto de Anillos, el Único corrompía a su portador con un deseo irresistible de posesión, doblegando su voluntad. En manos de Sauron, este podía leer y dirigir los pensamientos de los portadores de los restantes Anillos de Poder.

«…tan grande era el poder de deseo del Anillo, que cualquiera que lo llevara puesto quedaba dominado por él; estaba más allá de la fuerza de cualquier voluntad (aun la suya propia) de dañarlo, deshacerse de él o no tenerlo en cuenta».
Cartas, nº 131, p.182

«Y mientras llevaba [Sauron] el Anillo Único, era capaz de ver todo lo que se hacía por medio de los anillos menores, y podía leer y gobernar los pensamientos mismos de quienes los llevaban».
El Silmarillion, De los Anillos de Poder y la Tercera Edad, p.391

Para que este anillo pudiera gobernar y dominar al resto Sauron tuvo que ceder y poner parte de su poder en él, «gran parte de la fuerza y la voluntad de Sauron pasó a ese Anillo Único». Esta era la forma en que Morgoth y Sauron lograban obtener el dominio sobre los demás, «la «Tierra Media» entera era el Anillo de Morgoth» (El Anillo de Morgoth, p.455). De esta forma se estableció una fuerte relación entre Sauron y el Anillo. Cuando Sauron llevaba puesto el Anillo su poder aumentaba: «tomó otra vez el Gran Anillo y se hizo más poderoso» (El Silmarillion, p.398). Un vínculo que Tolkien explica en una de sus cartas.  

«[Sauron] Gobierna un imperio creciente desde la gran torre oscura de Barad-dûr, en Mordor, cerca de la Montaña de Fuego, esgrimiendo el Anillo Único.
Pero para lograr esto, se había visto obligado a permitir que gran parte de su propio poder inherente (un motivo frecuente y muy significativo en el mito y en el cuento de hadas) pasara al Anillo Único. Mientras lo llevaba, su poder en la tierra de hecho aumentaba. Pero aun si no lo llevaba puesto, ese poder existía y estaba en «relación» con él: no quedaba «disminuido». A no ser que otro lo cogiera y fuera su poseedor. Si eso sucedía, el nuevo poseedor (si era lo bastante fuerte y de naturaleza heroica) podía retar a Sauron, volverse amo de todo lo que había aprendido o hecho desde la fabricación del Anillo Único y, por tanto, derrocarlo y ocupar su lugar. Esta era la debilidad esencial que había introducido en su situación en el esfuerzo (en gran parte inútil) por esclavizar a los Elfos y en el deseo de establecer el control de las mentes y las voluntades de sus sirvientes. Había otra debilidad: si el Anillo Único realmente se deshacía, era aniquilado, su poder entonces se disolvería, el mismo ser de Sauron disminuiría hasta convertirse en un punto de fuga y quedaría reducido a una sombra, al mero recuerdo de una voluntad maliciosa. Pero nunca contempló esa posibilidad, ni la temía. El Anillo no era destructible por herrería alguna que no fuera la suya».
Cartas, nº131, p.182

Tolkien y el racismo

¿Es racista la obra de Tolkien?

 

De vez en cuando suele aparecer en las redes, comentarios o artículos con distintas opiniones acerca de Tolkien y de si era o no racista. Los que acusan a Tolkien de serlo, en realidad, suelen hacerlo porque creen ver en su obra prejuicios y características que se prestan a ello.

No es objeto de este artículo valorar si Tolkien, la persona, era racista o no lo era. No es posible hacerlo sin haberlo conocido o habiéndolo hecho solo a través de testimonios lejanos. Probablemente la mejor forma a nuestro alcance para saber de él sería a través de sus cartas. Unas cartas que tampoco tienen por qué reflejar realmente sus pensamientos; en muchas ocasiones y según el destinatario, nos expresamos midiendo nuestras palabras. No obstante, no está de más que veamos alguna de ellas. En 1938 Tolkien recibió una carta de Rütten & Loening, una editorial que se iba a encargar de la traducción alemana de El Hobbit, preguntándole si era de origen «arisch» (ario), Tolkien escribió una carta a Stanley Unwin, su editor, en los siguientes términos:

«Debo decir que la carta de Rütten y Loening que usted me adjunta es un poco rígida. ¿Tengo que soportar esta impertinencia porque llevo un apellido alemán, o la lunática ley que los rige exige un certificado de posesión de un origen «arisch» por parte de todas las personas de todos los países?
Personalmente, me sentiría inclinado a rehusar una Bestätigung [confirmación en alemán] (aunque pueda hacerlo en realidad) y demorar la traducción al alemán. De cualquier modo, objetaría fuertemente que semejante declaración apareciera impresa. No considero la (probable) ausencia de toda sangre judía como necesariamente honorable; tengo numerosos amigos judíos y lamentaría dar cualquier fundamento a la idea de que suscribo la doctrina racista, perniciosa y del todo anticientífica.
Usted es el principal implicado y no puedo hacer peligrar la oportunidad de una publicación alemana sin su aprobación. De modo que le presento dos borradores de posibles respuestas».
Cartas, nº 29, p.49

Uno de esos borradores mencionados en la carta se preservó en los archivos de Allen & Unwin. Probablemente el otro fue el que se envió a Alemania. En el borrador conservado Tolkien escribió:

«Gracias por su carta... Lamento no tener muy claro a qué se refieren con arisch. No soy de extracción aria: eso es, indo-iraní; que yo sepa, ninguno de mis antepasados hablaba indostano, persa, gitano ni ningún otro dialecto afín. Pero si debo entender que quieren averiguar si soy de origen judío, solo puedo responder que lamento no poder afirmar que no tengo antepasados que pertenezcan a ese dotado pueblo. Mi tatarabuelo llegó a Inglaterra desde Alemania en el siglo XVIII; la mayor parte de mi ascendencia, por tanto, es puramente inglesa, y soy súbdito de Inglaterra; eso debería bastar. No obstante, me he acostumbrado a considerar mi apellido alemán con orgullo, y seguí considerándolo así durante todo el periodo de la lamentable pasada guerra, durante la cual serví en el ejército inglés. Sin embargo, no puedo dejar de comentar que si averiguaciones impertinentes e irrelevantes de esta especie han de convertirse en la regla en cuestiones relacionadas con la literatura, no está entonces distante el momento en que tener un apellido alemán deje de ser fuente de orgullo.
La averiguación en que se involucran sin duda obedece a las leyes de vuestro propio país, pero que estas deban aplicarse a súbditos de otro Estado no es correcto, aun si tuvieran (y no la tienen) la menor relación con los méritos de mi obra o la conveniencia de su publicación, de la que parecen estar satisfechos sin referencia alguna a mi Abstammung [ascendencia, genealogía, en alemán].
Confío en que encontraran la respuesta satisfactoria».
Cartas, nº 30, pp.49-50

Tolkien vivió en una época muy diferente a la que vivimos hoy en día. La evolución de la sociedad y los cambios significativos que se han producido, hacen que debamos considerar el contexto del autor. La profesora de Literatura Fantástica de la Universidad de Glasgow, Dimitra Fimi, autora de Tolkien, Race and Cultural History, realiza el siguiente comentario en su artículo Was Tolkien really racist?:

«Aunque Tolkien rechazara las teorías «racialistas», se negase a declarar su origen ario para conseguir una traducción alemana de El Hobbit y arremetiera contra la Alemania nazi, eso no significa que algunos prejuicios heredados de su educación victoriana tardía y eduardiana temprana no se introdujeran en la visión del mundo que encontramos en la Tierra Media».
Was Tolkien really racist?

Dicho esto, el presente ensayo se centra en la obra de Tolkien, concretamente en su mitología o legendarium, mostrando ciertos aspectos y pasajes de ella y, de esta forma, que el lector estime si está justificado (o no) que se pueda catalogar esta mitología de racista, o si tiene elementos que puedan ser señalados de esta forma. En cualquier caso, los diálogos de los personajes representan a ellos mismos y no necesariamente al autor. Como decía Tolkien a Peter Hastings sobre una frase de Bárbol, «Bárbol es un personaje de mi historia, no yo» (Cartas, nº153, p.224).

El Diccionario de la lengua española (DLE) define como racismo: «creencia que sostiene la superioridad de un grupo étnico sobre los demás». ¿Se da este caso en la obra de Tolkien?

            En el mundo de Tolkien hay diferentes razas. Y dentro de ellas también podemos encontrar diferentes «pueblos» o «casas»; así tenemos la casa de Bëor, de Haleth o de Hador entre los Hombres. También los Haradrim pertenecen a los Hombres, y los Orientales (Swarthy Men). Realmente ninguna de las razas o pueblos es catalogada como maligna, salvo aquellas que se especifica que proceden de una corrupción, por ejemplo, los Orcos.

            El color de piel no parece ir vinculado con el comportamiento y personalidad de los diferentes seres que pueblan Arda. Aunque puede resultar tentador pensar que el color negro u oscuro está asociado con lo malvado o maligno, no siempre pasa así en la obra de Tolkien. De los Orcos no se dice que tuvieran la piel negra, pero sí morena (swart): «La cara ancha y chata era morena» (La Comunidad del Anillo, p.382). También tenían este color de piel los Orientales, pero no todos hicieron el mal; Bór y los suyos permanecieron fieles a los Eldar. Del Pueblo de Bëor se dice que «muchos eran de tez más oscura [que los de la Casa de Hador], algunos incluso cetrina [aquí Tolkien realmente utiliza la palabra «swarthy», como los Orcos o los Orientales]» (Los Pueblos de la Tierra Media, p.358). También de los montaraces, descendientes de los Hombres de Númenor, se dice que «eran más altos y morenos que los Hombres de Bree» (La Comunidad del Anillo, p.181), utilizando la palabra «dark», y de Sam que tenía «una mano morena» (Las Dos Torres, p.372), en este caso «brown» en el original.

            Por otra parte, y según la interpretación de cada uno, podríamos encontrar alguna idea supremacista entre algunos pueblos o casas. Los Noldor parecen los más poderosos de los Elfos, pero esto puede estar más relacionado con su sabiduría y sus ansias de conocimiento que por su naturaleza. Eran llamados Gnomos en los primeros escritos, del griego gnome, «pensamiento, inteligencia» (Cartas, nº 239, p.370). De la misma forma se dice que aquellos Elfos que llegaron a Aman y contemplaron la luz de los Árboles eran más poderosos, o tenían un «estatus» más elevado, que aquellos Elfos que no lo hicieron.

«En aquellos días Elfos y Hombres tenían parecida fuerza y estatura, pero era mayor la sabiduría, la habilidad y la belleza de los Elfos; y los que habían morado en Valinor, y contemplaran a los Poderes, sobrepasaban a los Elfos Oscuros en estas cosas, tanto como ellos sobrepasaban a su vez al pueblo de la raza mortal. Solo en el reino de Doriath, cuya reina Melian era del linaje de los Valar, pudieron los Sindar igualar en cierta medida a los Calaquendi del Reino Bendecido».
El Silmarillion, De los Hombres, p.140

En una de sus cartas Tolkien escribía sobre los Hijos de Eru, Elfos y Hombres, diciendo que los primeros eran una «casta superior» (Cartas, nº 154, p.232). ¿Se puede llamar a este pensamiento, y lo que deriva de él, racismo? Veamos algunos fragmentos de la obra…

Un primer caso a valorar podría ser el de Thingol, Elrond, sus respectivas hijas y sus pretendientes. Thingol consideraba a Beren un ser inferior, un Hombre, un mortal, indigno de su hija Lúthien. «Pero Thingol miró en silencio a Lúthien, y pensó en su corazón: «Hombres desdichados, hijos de pequeños señores y reyes de corta vida, ¿ha de poner alguien semejante las manos en ti, y sin embargo seguir con vida?»» (El Silmarillion, De Beren y Lúthien, pp.226-227).

Thingol le pone como condición a Beren para acceder a la mano de su hija una tarea que en ese momento se consideraba imposible. Es decir, tenía que demostrar su valía. Algo similar ocurre con Elrond. Este sabía quién era Aragorn, descendiente de Elendil e Isildur, pero no le parecía suficiente para su hija. Dice lo siguiente:

«¡Aragorn, hijo de Arathorn, Señor de los Dúnedain, escúchame! Un gran destino te espera, sea el de elevarte más alto que todos tus antepasados desde los días de Elendil, o caer en la oscuridad con todos los sobrevivientes de tu estirpe. Pasarás por largos años de prueba. No tomarás esposa, ni te unirás a mujer alguna con promesa de matrimonio, hasta que llegue tu hora, y hayas demostrado ser digno […]
[…]Por ahora no te comprometerás con la hija de ningún otro. Pero en cuanto a Arwen la Bella, señora de Imladris y de Lórien, Estrella de la Tarde de su pueblo, es de un linaje más alto que el tuyo, y ya ha vivido en el mundo tanto tiempo que para ella no eres más que un retoño del año, frente a un joven abedul de numerosos estíos. Está muy por encima de ti. Y así, creo, ha de parecerle a ella».
El Retorno del Rey, Apéndice A, p.392

            Unos cuantos años más tarde, después de emplearse en la causa contra Sauron, adquirir gloria y fama y explorar tierras lejanas, Aragorn se encuentra con Arwen en Lórien. Allí, en la colina de Cerin Amroth, se juran eterna fidelidad, y cuando Elrond se entera de la elección de su hija le dice a Aragorn:

«…aunque te amo, te digo a ti: Arwen Undómiel no desmedrará la gracia de su vida por una causa menor. No será la esposa de ningún Hombre, a menos que este sea al mismo tiempo el rey de Gondor y de Arnor».
El Retorno del Rey, Apéndice A, p.394

Este tipo de peticiones, mejor dicho, exigencias o requisitos, son como aquellas historias o cuentos medievales en las que el plebeyo se enamora de la hija del señor feudal, y este (si lo consiente) le pide a cambio una hazaña heroica para hacerse digno. De hecho, Dimitra Fimi defiende la idea de una gran inspiración medieval en el mundo de Tolkien. Un mundo que utiliza la scala naturae o «gran cadena del ser», », una metáfora visual jerárquica de la Edad Media que clasifica todas las formas de vida según su proporción de «espíritu» y «materia» (Was Tolkien really racist?, Dimitra Fimi).

            Otro caso a considerar de posible elemento racista, la superioridad de un pueblo sobre otro, es el tema de la «sangre» y la «pureza». Según se nos cuenta en los apéndices de El Señor de los Anillos:

«Después de la Caída de Númenor, Elendil condujo de regreso a los sobrevivientes de los Amigos de los Elfos a las costas noroccidentales de la Tierra Media. Allí vivían ya muchos que eran en parte o plenamente de sangre Númenóreana; pero pocos de ellos recordaban la lengua élfica. De modo que los Dúnedain fueron así desde un principio más escasos en número que los hombres menores entre quienes vivían y a quienes gobernaban, pues eran señores de larga vida y gran sabiduría y poder».
El Retorno del Rey, Apéndice F, p.469

Años más tarde, el reino de Gondor sufrió una decadencia que empezó antes de la muerte de Atanatar II Alcarin (1226 T.E). De esta decadencia se nombra tres grandes males, siendo el primero de ellos la guerra civil de la Lucha entre Parientes. Esta la desencadenó un matrimonio, el de Valacar hijo de Roméndacil, rey de Gondor, con Vidumavi, que pertenecía a los Hombres del Norte. Se consideraban «menores» a estos Hombres.

«Porque los altos hombres de Gondor miraban ya con desconfianza a los Hombres del Norte que había entre ellos; y era cosa inaudita hasta entonces que el heredero de la corona o hijo alguno del Rey se casara con alguien de una raza menor y extranjera. Había ya rebelión en las provincias del sur cuando el Rey Valacar llegó a viejo. La reina había sido una bella y noble señora, pero de corta vida de acuerdo con el hado de los Hombres Menores, y los Dúnedain temían que sus descendientes se le asemejaran, y malograran la majestad de los Reyes de los Hombres».
El Retorno del Rey, Apéndice A, p.377

Cuando la Lucha entre Parientes llegó a su fin:

«Después del retorno de Eldacar, la sangre de la casa real y de las otras casas de los Dúnedain se mezcló aún más con la de los Hombres Menores […]
Al principio esta mezcla no apresuró la decadencia de los Dúnedain como se había temido; pero la mengua continuó, como antes. Porque la causa era sin duda la Tierra Media misma, y la lenta retirada de los dones de los Númenóreanos después de la caída del País de la Estrella».
El Retorno del Rey, Apéndice A, pp.378-379

            Esta mezcla de la sangre como causa de una pérdida de sabiduría y otras características también se menciona en De los Anillos de Poderobra que Tolkien escribió en la misma época que El Señor de los Anillos.

«… con el desgaste de los rápidos años de la Tierra Media, Gondor decayó, y el linaje de Meneldil hijo de Anárion se interrumpió. Porque la sangre de los Númenóreanos se mezcló demasiado con la de otros hombres, y perdieron poder y sabiduría, y tuvieron una vida más breve, y no vigilaron a Mordor como antes».
El Silmarillion, De los Anillos de Poder y la Tercera Edad, p.403

            La importancia de la sangre (linaje, estirpe) como elemento diferenciador se pone nuevamente de manifiesto en las palabras de Gandalf a Pippin, cuando el mago le habla de Denethor, y en las de Legolas sobre Aragorn:

«No es semejante a los otros hombres de esta época, Pippin, y comoquiera que sea su ascendencia, por un azar extraño la sangre de Oesternesse [Númenor] le corre casi pura por las venas; como por las de su otro hijo, Faramir, y no por las de Boromir, en cambio, que sin embargo era el predilecto».
El Retorno del Rey, Minas Tirith, p.26
 
«[Aragorn] es más grande de espíritu que Sauron de entendimiento. ¿No lleva por ventura la sangre de los hijos de Lúthien? Es de una estirpe que jamás habrá de corromperse, así perdure en años innumerables».
El Retorno del Rey, La última deliberación, p.171

Y sobre ese comentario de Gandalf acerca de Denethor, Tolkien dice en una de sus cartas:

«Con respecto de la jactancia de Aragorn […siendo quien soy y de la pura estirpe del Oeste [Númenor] (El Retorno del Rey, p.285), creo que estaba contando con sus antepasados por línea paterna con este fin; pero, en cualquier caso, imagino que los Númenóreanos, antes de que su conocimiento menguara, sabían sobre la herencia más que otra gente. A esto, por supuesto, se refieren con el símbolo común de la sangre. Reconocían el hecho de que, a pesar de los matrimonios mixtos, algunas características aparecerían en su forma pura en posteriores generaciones. La propia longevidad de Aragorn era un caso semejante. Gandalf, creo, se refiere al curioso hecho de que aun en la mucho menos bien preservada casa de los mayordomos, Denethor había salido casi un Númenóreano puro».
Cartas, nº 230, p.359

Los Númenóreanos, especialmente aquellos descendientes de la casa real de Númenor y de los nobles como Elendil, tenían ciertas características que los hacían prevalecer frente a otros Hombres. Y cuanto más pura era esa descendencia mejor conservaban esos rasgos de los Edain, los Hombres que combatieron contra Morgoth en la Primera Edad.

«Este [Faramir] era un hombre de alta nobleza, semejante a la que por momentos viera en Aragorn, menos sublime quizá pero a la vez menos imprevisible y remota: uno de los Reyes de los Hombres nacido en una época más reciente, pero tocado por la sabiduría y la tristeza de la Antigua Raza».
El Retorno del Rey, El sitio de Gondor, p.88

«la longevidad había declinado en la región [de Gondor]: ahora vivían pocos años más que los otros hombres, y los que sobrepasaban el centenar con salud y vigor eran contados, salvo en algunas familias de sangre más pura».
El Retorno del Rey, Las casas de curación, p.151

Se podría comentar algo más, si bien no se podría catalogar de racista tal vez sí de cierto trato de favor o preferencia. Es el caso de la elección de Elrond, Elros y sus hijos. Según el legendarium a Eärendil, Elwing y a sus hijos se les permitió elegir libremente a cuál de los linajes unirían su destino y bajo qué linaje serían juzgados. Elrond eligió «como le fue permitido, ser contado entre los Eldar; pero Elros, su hermano, eligió vivir con los Hombres» (El Silmarillion, p.347), aunque, en realidad, Elrond y Elros no dejaron de ser Medio Elfos. Más tarde Elrond se casó con Celebrían, una Elfa hija de Galadriel y Celeborn, y tuvieron a Elladan, Elrohir y Arwen. Estos hijos seguían contándose entre los Medio Elfos y no solo eso, sino que tenían capacidad de elección.

«La idea es que los Medio-Elfos tienen la capacidad de elección (irrevocable), que puede demorarse, pero no permanentemente, de compartir el mismo destino de uno u otro progenitor. Elros eligió ser un Rey «longevo», pero mortal, de modo que sus descendientes son mortales y de una raza especialmente noble, pero con una longevidad «menguante»: así Aragorn (quien, aunque tiene una mayor duración de vida que sus contemporáneos y dobla la de los Hombres, no la triplica como los Númenóreanos contemporáneos originales). Elrond eligió estar entre los Elfos. Sus hijos -con una corriente élfica renovada, pues su madre era Celebrían, hija de Galadriel- deben hacer su elección».
Cartas, nº153, p.227

«Arwen no era un elfo, sino una de los medio elfos que abandonó sus derechos élficos».
Cartas, nº345, p.492

Tolkien solía diferenciar la raza o linaje y el destino. En un principio, a los Elfos les corresponde un destino «inmortal» y a los Hombres un destino mortal. Pero existen excepciones, así Lúthien siguió siendo Elfa aunque acabó con un destino mortal, o también se dice que Tuor fue el único de los Hombres con destino «inmortal» (El Silmarillion, p.334). Es decir, un cambio de destino por una «gracia especial» no altera la raza de un individuo.

Sin embargo, esta distinción no parece cumplirse en los hijos de Elros, donde parece influir la elección del destino del padre en la raza de sus hijos. Los hijos de Elros y los de Elrond no tuvieron las mismas opciones. La diferencia entre ambos casos es evidente. Elros eligió un destino mortal y Elrond «inmortal». Ambos eran Medio Elfos. A los hijos de Elrond, con madre Elfa «inmortal», se les consideró Medio Elfos y se les concedió la capacidad de elección. Sin embargo, no sucedió esto con los hijos de Elros. Tolkien escribió en la carta nº153, citada anteriormente: «Elros eligió ser un Rey «longevo», pero mortal, de modo que sus descendientes son mortales» (Cartas, nº153, p.227). No solo desapareció la capacidad de elección, tampoco los consideró Medio Elfos; o, visto de otra forma más probable, al no ser contados como Medio Elfos no existía alternativa para ellos. Esto se repitió con Arwen, Medio Elfa con destino mortal, Aragorn y su hijo Eldarion.